“Me siento
frenético, feliz, nervioso, incorrectamente perfecto... ¡Por fin termino! Ahí
está... justo ahí... Al alcance de todas las mentes, de todos los sentimientos,
de todas las imaginaciones. Toda mi existencia está plasmada ahí, mis
preocupaciones, mis miedos, voluntades, sueños... Todo. Lo que podría definirse
como mi vida entera. Una vida dedicada a esa obra, creo yo, de arte. Noches y
días sin dormir y bañado en alcohol intentando terminarla, perfeccionándola,
dándola un sentido y un por qué. ¡Y ya está acabada!
Me alejo, la miro (bueno, la adoro con los ojos) y sonrío.
“¿Por qué?” me preguntaron muchos a lo largo de los años... “Porque soy humano” les contesté. ¿Qué qué tiene que ver eso? El ser humano es emocional y el arte es la expresión de las emociones en su más puro sentido y gracias a ella somos realmente nosotros. Además, los humanos saben que son perecederos e intentan por todos los medios conseguir una pócima o una crema que los vuelva inmortales. Bien, pues yo lo he conseguido. Mi arte perdurará (o al menos eso espero) durante siglos y siglos.
Cuando yo me haya convertido ya en hoja o en plástico, cuando el sol salga por el oeste, cuando los gobiernos vivan por y para el pueblo (pero de verdad), cuando los coches vuelen y los niños aprendan todo sin esfuerzo... En esa época, en ese futuro, alguien encontrará mi obra, la admirará (o al menos perderá un minutos frente a ella) y será en ese momento cuando yo me convierta en un ser inmortal.”
Me alejo, la miro (bueno, la adoro con los ojos) y sonrío.
“¿Por qué?” me preguntaron muchos a lo largo de los años... “Porque soy humano” les contesté. ¿Qué qué tiene que ver eso? El ser humano es emocional y el arte es la expresión de las emociones en su más puro sentido y gracias a ella somos realmente nosotros. Además, los humanos saben que son perecederos e intentan por todos los medios conseguir una pócima o una crema que los vuelva inmortales. Bien, pues yo lo he conseguido. Mi arte perdurará (o al menos eso espero) durante siglos y siglos.
Cuando yo me haya convertido ya en hoja o en plástico, cuando el sol salga por el oeste, cuando los gobiernos vivan por y para el pueblo (pero de verdad), cuando los coches vuelen y los niños aprendan todo sin esfuerzo... En esa época, en ese futuro, alguien encontrará mi obra, la admirará (o al menos perderá un minutos frente a ella) y será en ese momento cuando yo me convierta en un ser inmortal.”
La vida no
es nada si nos limitamos a pasar de largo por ella, sin detenernos a contemplar
lo bello; entiendan bien esto: El arte es bello. El arte hace que la vida
merezca la pena, incluso después de haber muerto uno. Gracias al arte conocemos
a muchos personajes indispensables para la Humanidad como Bernini o Cervantes;
conocemos sus vidas, sus historias, sus musas, sus creencias...
El arte nos alarga la vida.
El arte nos alarga la vida.


