lunes, 18 de febrero de 2013

¡Isobaras contra la crisis!


“Vamos ya con el parte meteorológico” Esta frase suele ser la que se pronuncia tras la finalización de cada telediario en las diferentes cadenas de nuestra televisión. No sé qué les parecerá a ustedes, pero a mí se me ponen los pelos de punta cada vez que la escucho. Es como un poco de azúcar para pasar una pastilla que nos cuesta tragar. ¿No lo ven así? Yo les explico: tras haber estado casi una hora clavados en el sofá de casa (cómodos y calentitos, todo hay que decirlo) viendo las penurias y los desastres mundiales y haciendo que empatizamos con esas pobres almas desahuciadas, en guerra ó sin recursos para poder ingresar en una universidad pública, nos ponen cuatro mapitas con unos cuantos soles y otras tantas isobaras y parece que toda esa empatía se disipa. Las cadenas (sobre todo algunas, no hace falta dar nombres) saben perfectamente que tras todo el sufrimiento, lo que la población necesita es algo que les entretenga, para que olviden todo lo que han visto en las noticias y no tengan otro tema en el ascensor que el tiempo. Con la que “está cayendo”, ¿cómo es posible que nos dejemos engañar por un periodista experto en meteorología que, con una predicción (excesivamente larga), pretende diluir las preocupaciones que de verdad deberíamos tener?

Los males de nuestra sociedad son conocidos por todos (en mayor ó menor medida) y no voy a perder tiempo en citarlos todos (no acabaría nunca) por lo que me limito a poner sobre la mesa la siguiente cuestión: ¿De verdad somos tan “borreguitos” para no darnos cuenta de que nuestros líderes (mal llamados así) tergiversan absolutamente todo y tienen un millón de mecanismos, el tiempo en este caso, para entretenernos y que no nos centremos de verdad en lo que realmente importa?

Y luego los locos son los “perroflautas” del 15-M, los profesores y estudiantes que se ponen en huelga “por vaquería” ó los que luchan todos los días para alimentar a sus hijos, ya que “no tienen trabajo porque no quieren”... Piénsenlo.

sábado, 16 de febrero de 2013

Espera.

Otra vez esperando a que venga a casa a pasar la noche... Es la quinta consecutiva que me quedo aquí, sentada en el porche, con un café ya frío y una manta que no calienta mi sufrimiento, mirando hacia la entrada del jardín, deseosa de que esa portezuela de madera se abra y aparezca. Noche tras noche dejo la luz encendida para que sepa que su casa es esta, que a pesar de todo lo malo que haya podido hacer, aquí siempre será bienvenido... Pero los días pasan y nuestro hogar siempre amanece con media cama sin deshacer, fría y triste. Desearía que toda esa rabia que siente, todas sus penas y sufrimientos los ahogara en mí y no en las infinitas botellas que han pasado por sus labios, envenenándole cada vez más con su maldito contenido.
Espero y espero... No me queda otra. De vez en cuando, pego alguna cabezada, pero no me reconforta... Me pesan los ojos y el alma, y entre delirio y recuperación veo a lo lejos una figura conocida, amada, la cual viene hacia mí tambaleándose. Descarga todo su peso en las escaleras de entrada y golpea su preciosa cabeza en el suelo, gritando mi nombre. Tiro los restos del café y corro hacia él, con una sonrisa en los labios porque al fin ha aparecido. Le abrazo sin demora y beso los labios extrañados durante tantísimos días. Me mira a los ojos con la mirada ensuciada de tanta mala vida, pero profundizo en ellos y veo el amor y la sinceridad que me quiere transmitir. “No importa nada”, le digo, y le abrazo una vez más. Ahora todo está bien, a pesar de los días sin saber de él.


“Un solo día claro compensará los días negros”, Divisa de Giacomo Sannazaro.

El hombre y la naturaleza.


“La naturaleza bien ordenada, contemplada por un hombre bien ordenado; he ahí lo poéticamente bello.”
Joseph Joubert.

Hace casi 14 millones de años que el hombre apareció en este mundo verde y lleno de agua, extraño en su naturaleza de planeta y, de momento, el único capaz de albergar vida. Pensemos esto con detenimiento: “... el único capaz de albergar vida.” Esta frase, de por sí, debería provocar, al menos, un estremecimiento a cualquier persona que la leyera. ¿Lo ha causado en usted? Si es así me alegro, porque significa que opina igual que yo y no le hace falta leer más para saber cuál es mi postura. Si no lo ha hecho, háganos un favor a todos y siga leyendo.
Empecemos con la siguiente pregunta: ¿Qué hubiera sido del hombre sin la naturaleza?... Difícil de contestar, ¿verdad? ¿Ahora intuye por dónde voy? Si no conoce la respuesta o no la quiere admitir, yo se la daré: Nada. Absolutamente nada.
El hombre en sí mismo es naturaleza y si esta no hubiera existido, nosotros tampoco. Gracias a un hecho extraordinario (llámelo Dios, si quiere) en este planeta, al que creo que toda la raza humana considera “su hogar”, se dieron las características necesarias para que, no sólo apareciera el hombre, sino un sinfín de vidas iguales o incluso más importantes que las nuestras (Exacto, no somos el ombligo del mundo) y sin las cuales nosotros ni siquiera tendríamos la oportunidad de respirar.
Sí,  la naturaleza nos dio la vida en un principio y, si esto le parece todavía insuficiente, piense en todo lo que nos ha dado después. Y por favor, no sea materialista y piense solo en capital natural. Piense en el arte, por ejemplo: la literatura, la pintura, escultura y arquitectura...; piense en esos paisajes bellos, con toda su perfección, que inspiraron en su momento a miles de artistas (poetas, músicos, pintores...) y que dieron lugar a obras maravillosas de las que todos disfrutaron en su época, disfrutamos nosotros ahora y disfrutarán las generaciones venideras. ¿Qué hay de ese “Locus amoenus” repetido hasta la saciedad? De no ser por la naturaleza no existiría la escritura descriptiva, ni los paisajistas, ni infinidad de artistas que bebieron de sus fuentes y se tostaron con su hermosura.
Espero que comprenda ahora, querido lector, la importancia de nuestra Madre Naturaleza y que, si ella desaparece, vamos todos detrás. Interesante, ¿no?
 Supongo que en este momento lo que usted piensa es que le voy a decir es las típicas frases de “No contamines”, “Cuida a los animales”..., y todo por el bien del planeta en sí y de la propia raza humana. Podría hacerlo, eso por descontado, porque es lo correcto y lo que hay que hacer. Pero voy a ser un poco egoísta y, como amante del arte que me considero, voy a pedirle que intente comprender que, si no cuidamos la naturaleza, el arte del mañana se verá gravemente amenazado. Hagámoslo por los futuros poetas, arquitectos, pintores, que pondrán sus ojos en lo que nosotros les dejemos ver y se les aparecerá la misma musa que enamoró a los de generaciones pasadas. Por favor, no les privemos de contemplar la belleza suprema de nuestro mundo.

CONFORMISMO O COMPROMISO.


Cuando uno lleva una venda en los ojos que no le permite ver se siente inseguro, tiene miedo y su dirección es una incógnita. Puede fiarse de la persona que gritando le dice: “Aquí, aquí, sigue mi voz... ¡Cuidado con el escalón!... Sube esa acera... A tu izquierda... ¡No, no, la otra!...” pero seguro que al final termina chocando con algo o cayendo por alguna escalera. Si en ese momento uno es tan sumamente necio de no liberar su vista, deshacerse de la venda que le oprime y le perturba, y decide seguir escuchando esa voz que le ha hecho lastimarse es que no tiene voluntad ni pensamiento propio. Cuando uno llega a esta situación debe plantearse dos cosas: primera, que no debería haberse vendado los ojos y segunda, si lo ha hecho, debe tener la inteligencia suficiente para armarse de valor y, a pesar de todas las voces que claman que no lo haga, arrancarse la venda y ver el mundo tal y como es. En el momento en que lo haga (si es que lo hace...) descubrirá cosas como desolación, problemas, pena, infancias rotas, manipuladores y circunstancias injustas, corrupción (y no solo inmobiliaria, también de sentimientos y sueños), personas como Hitler, Stalin, Bin Laden, miles de enemigos que la humanidad ha tenido a lo largo del tiempo, y un sinfín de hechos deprimentes que, si no se lucha contra ellos, nunca tendrán solución. Pero también podrá ver el amor interminable que existe entre unas personas y otras, el afán de progreso de la humanidad, personas como Marie Curie, Martin Luther King, Gandhi, la Madre Teresa (y tantos otros que podrían ser mencionados) que lucharon a su manera contra las injusticias que los propios seres humanos hemos ido creando y una infinidad de cosas positivas y por las que sí merece la pena luchar, acabar con lo malo, quitarse la venda, gritar “Yo sí puedo” y seguir adelante.
Imaginemos cuántas personas cobardes y que ya han renunciado a conseguir un mundo mejor existen ahora mismo. Si todas esas se quitaran la venda que les permite fugarse y alejarse de los problemas, tal vez conseguiríamos una digna mejora de lo que llamamos Sociedad. Si en vez de evadirse de la realidad, arrojaran esa tela de mentira, odio y manipulación y consiguieran que sus voces se escucharan por encima del ruido que las deforma, la situación actual sería muy diferente. Junto con los que sí luchamos y tiramos ese vendaje hace mucho o que ni siquiera nos lo pusimos, todas esas situaciones que les asustan, las escaleras invisibles, las voces que les mandan porque simplemente no pueden no obedecerlas (ya que han renunciado a escucharse a sí mismos) y cada una de las cosas que quisieron evitar en su momento en un acto de cobardía, temor o evasión tendrían solución, podría lucharse contra ellas. Si lo hiciéramos todos juntos y de la mano, las generaciones futuras no tendrían la necesidad de más vendas. Persona más persona, sueño más sueño. Solo así se conseguirá una sociedad honesta, íntegra y sin oscuridad.

martes, 12 de febrero de 2013

Consumismo vital.

Vida, definición según la RAE: “Espacio de tiempo que transcurre desde el nacimiento de un ser vivo hasta su muerte.”
Y yo me pregunto: ¿Cómo?, ¿Sólo eso? O sea, que para las personas que más saben de lengua y vocabulario español en el mundo ¿la vida es simplemente un espacio de tiempo? Es algo que no me encaja en la cabeza. Para mí, la vida es mucho más que eso: yo encuentro vida en cada rincón feliz del mundo, en cada carcajada, en cada rayo de sol que te despierta por las mañanas, en cada beso, en cada trocito de chocolate, en cada historia que alguien me cuenta o que leo, en cada cosa que se aprende... Siempre he creído que hoy en día se va con demasiadas prisas a todos los lados. No nos paramos ni un segundo a pensar en nosotros mismos, en lo que nos gusta, en lo que nos hace felices. Algo verdaderamente triste ¿no?

El mejor maquillaje que existe es una sonrisa bien puesta, y esa iluminación que te da el ser realmente dichosa con cualquier tontería. Valoro lo que la vida me ofrece, por pequeño o insignificante que sea, porque no lo valoro desde el punto de vista material (al menos no todo), sino que intento ver las connotaciones que tiene para mí.
La sociedad actual ha llegado a un nivel de consumismo intolerable. Y no solo de consumismo material, el cual resuelta ciertamente excesivo, sino también de sentimientos y reflexiones que se fabrican un lunes y el martes son agua pasada. La gente no aprecia lo que tiene, ni lo que piensa, ni lo que siente. Ahora los sentimientos no son reales: las parejas se arrejuntan, no se unen, muchos amigos simplemente salen juntos, no tienen una amistad. ¿Por qué la gente no se da cuenta de lo que posee?, ¿Por qué no ven la vida como realmente es? Un largo, larguísimo paseo en el que podemos encontrar de todo y del que salen muchos caminos que pretenden (y a veces lo consiguen) desviarnos de nuestro destino, pero que aún así hay cosas realmente bellas en él, con las que pararse un buen rato y disfrutar. Ya sea una simple película o el amor de tu vida. Todo merece una valoración y un respeto, y esto es algo que la genta  no entiende. La sociedad de hoy a veces ridiculiza a las personas que son felices con pequeñas cosas a base de ensalzar a grandes poseedores de bienes solo por el hecho de poseerlos.

domingo, 10 de febrero de 2013

Mi santuario.

“Una tarde más en la escuela. Su clase ya ha terminado hace rato pero ella no sale todavía, como de costumbre: “Sigue ensayando dentro”, me dice su profesora cuando me ve esperándola en la calle. La verdad es que no me molesta que salga tarde, ya estoy acostumbrado. “Te esfuerzas demasiado” suelo decirla, solamente para chincharla. “Nunca mejorarás si no te esfuerzas al límite” me contesta, molesta por mi broma; yo la dejo ser...
En realidad esa pasión que siente por todo lo que hace es una de las cosas que más me gustan de ella.
Diez minutos, quince, veintidós, treinta... “Se está retrasando mucho” pienso, y decido entrar a buscarla. Recorro el pasillo que lleva a su clase, guiado por la música. La puerta está entreabierta y me asomo para ver qué está pasando en ese lugar, que es para ella un santuario. Y la veo. Bueno, la adoro con los ojos... Metida en esas mallas negras y con una de mis viejas camisetas de rock: Perfecta es poco. SU sudor hace que brille, como si desde dentro saliera toda la energía que tiene. Tras hacer un pequeño “relevé” para recolocar sus débiles tobillos y pasarse la mano por la frente, vuelve a poner la música y entonces comienza... Y yo entro en el cielo. Se mueve, se desenvuelve...  Es ella misma. Y se la ve feliz. Absorbido por su belleza y sus movimientos puros y ordenados y a la vez rebeldes, entro en estado de shock. Solo está ella y su danza; prácticamente no escucho ni la música. ¿Cómo puede ser mía tanta perfección? Misteriosa y sexy, como siempre y como nunca, continúa con su coreografía sin notar mi presencia. Yo me aprovecho de eso y sigo con los ojos posados en su cuerpo.


La canción termina y se queda quieta en la posición final; lo ha clavado y le brillan los ojos de pura felicidad. De pronto, se gira hacia la puerta, me ve y, sin sorprenderse y sonriendo, se dirige hacia mí: “Llevas mucho rato ahí, ¿verdad?” Y sin esperar si quiera a que la de una respuesta, me besa tiernamente en los labios, sujetando mi cabeza con sus manos; aún así se preocupa de que su cuerpo empapado en sudor por el esfuerzo no toque el mío... ¿Cree de verdad que después de haberla visto bailar de esa manera, con esa elegancia sensual; voy a permitir tal distancia? Y sin demorarme a penas un segundo, lo justo para entrar en su clase y cerrar la puerta, me la acerco todo lo que las leyes físicas me permiten... Y la beso; como nadie la había besado ni la besará jamás, ni siquiera yo.”

jueves, 7 de febrero de 2013

El anochecer.

Estaba en un día soleado de finales de verano, su sol amenazaba con esconderse y dejarle en la oscura y fría noche. Le empezaron a despuntar unas nubes rosadas, atisbando el anochecer, aunque todavía se podía ver en él gran parte del cielo azul.
Pasó el tiempo y poco a poco su cielo fue olvidando el color claro, olvidando todos los pájaros que habían volado sobre él aquel día, todos los globos fugitivos que quisieron separarse de alguien todavía vivo y con mil recuerdos que crear, fue olvidando las oraciones y promesas hechas, el amor y el odio que había a sus pies.
Su cielo se volvió todavía más y más rojo, rojo que trajo consigo la fría brisa nocturna. Ya no se veía azul, aunque ese cielo seguía teniendo algo de luz; luz que todavía permitía a sus niños jugar en la calle, aunque él sabía que su día estaba cerca del final; final que le angustiaba es sus últimos rayos de sol.
Cayó la noche y se fue su día, un día que duró toda una vida, llena de felicidad, cromos en el bolsillo, amores, sueños, amistad, besos, viajes, vivencias, lecciones aprendidas y enseñadas, juegos con sus nietos… ¿y ahora? Nada. La más negra oscuridad; en su mente la noche más terrible, pero aunque me dicen que no, que él es ya noche cerrada, de vez en cuando veo en sus ojos encenderse una estrella.


miércoles, 6 de febrero de 2013

....

Y ahí estábamos, al fin, tú y yo; borrachos de joven ilusión y de cerveza, tus ojos consiguen captar mi atención mientras te ahorcas con las notas de una vieja canción de rock. Junto con ese bendito sonido, se entrelazan miradas y ganas nunca antes vistas y nos carcome por dentro la idea de que algún coloso nos rescate de ese momento tan jodidamente perfecto... ¿Se podría ser más feliz? ¿Podría estar más condenadamente loca? Sí, loca, porque, a pesar de todo, de lo que me concedes día a día, no está la Luna conmigo para conseguir hacerte plenamente mio... ¿La causa? Otra mujer. Una chica con la piel tostada, como madera de pino, y el pelo brillante como el nylon: La perfección personificada. La quieres... Mierda... y encima si la haces cosquillas responde con una suave risa melódica que te encandila... ¡Maldita injusticia! Tengo que aprovechar mientras ella no esté en tus manos. Asique me acerco débilmente, sutil, milímetro a milímetro. Me miras, me muero... ¿Qué más se puede pedir que tus ojos? ¿Un beso? No me merezco tanto... Renuncié ya hace mucho a ese premio. Sé que un beso no lo regalas, esas estrellas solo las ve la chica de madera, a quien profesas toda tu pasión... Pero ahí estás conmigo y no te vas... Me muero... Sigues ahí, no te cansas de mi parloteo nervioso, me escuchas, me comprendes, te interesas... Y yo muero... Finalmente el tiempo se petrifica, lo hemos conseguido.
Te acercas.
Me miras.
Yo callo, embelesada con tu olor a ropa vieja, a cerveza, a juventud...
Te acercas.
Me muero... Me miras... Me muero...
Me besas...
Y yo, feliz y haciéndole una mueca burlesca en mi mente a esa maldita perfección de chica, muero.

Presentación.

Soy nueva en esto de los blogs, mi amigo Adri me ha iniciado y no sé muy qué espero de esto... Supongo que publicar todo lo que se me pasa por esta cabecita loca y creativa que tengo y esperar que alguien lo lea y le guste. Y si nadie lo hace, sinceramente me da un poco igual.
No tengo un tema concreto y tampoco lo quiero tener, simplemente reflexiono, invento, imagino... Sobre todo un poco, la verdad.


Besitos.