miércoles, 6 de febrero de 2013

....

Y ahí estábamos, al fin, tú y yo; borrachos de joven ilusión y de cerveza, tus ojos consiguen captar mi atención mientras te ahorcas con las notas de una vieja canción de rock. Junto con ese bendito sonido, se entrelazan miradas y ganas nunca antes vistas y nos carcome por dentro la idea de que algún coloso nos rescate de ese momento tan jodidamente perfecto... ¿Se podría ser más feliz? ¿Podría estar más condenadamente loca? Sí, loca, porque, a pesar de todo, de lo que me concedes día a día, no está la Luna conmigo para conseguir hacerte plenamente mio... ¿La causa? Otra mujer. Una chica con la piel tostada, como madera de pino, y el pelo brillante como el nylon: La perfección personificada. La quieres... Mierda... y encima si la haces cosquillas responde con una suave risa melódica que te encandila... ¡Maldita injusticia! Tengo que aprovechar mientras ella no esté en tus manos. Asique me acerco débilmente, sutil, milímetro a milímetro. Me miras, me muero... ¿Qué más se puede pedir que tus ojos? ¿Un beso? No me merezco tanto... Renuncié ya hace mucho a ese premio. Sé que un beso no lo regalas, esas estrellas solo las ve la chica de madera, a quien profesas toda tu pasión... Pero ahí estás conmigo y no te vas... Me muero... Sigues ahí, no te cansas de mi parloteo nervioso, me escuchas, me comprendes, te interesas... Y yo muero... Finalmente el tiempo se petrifica, lo hemos conseguido.
Te acercas.
Me miras.
Yo callo, embelesada con tu olor a ropa vieja, a cerveza, a juventud...
Te acercas.
Me muero... Me miras... Me muero...
Me besas...
Y yo, feliz y haciéndole una mueca burlesca en mi mente a esa maldita perfección de chica, muero.

No hay comentarios:

Publicar un comentario